HIPERTENSION PULMONAR PERSISTENTE EN EL RN
En el momento
de nacimiento se inicia una serie compleja de fenómenos que tienen como
objetivo sustituir la placenta por el pulmón como órgano de intercambio de
gases. La circulación pulmonar del RN se adapta a la nueva situación, con una
progresiva disminución en las resistencias vasculares pulmonares y un
incremento en el flujo sanguíneo al pulmón, para conseguir, a través de una
adecuada perfusión alveolar, la función de intercambio gaseoso. Cualquier hecho
que perturbe esta transición ordenada produce hipertensión pulmonar persistente
neonatal (HPPN).
La distensión
pulmonar y el incremento en la PO2, parecen ser los responsables iniciales de
la caída de la resistencia vascular pulmonar tras el nacimiento, bien
directamente o a través de mediadores endógenos. Los cambios en los mediadores
vasoactivos endógenos con aumento de los vasodilatadores (oxido nítrico y prostaciclina)
y disminución de los vasoconstrictores (leucotrienos y endotelinas), parecen
estar implicados además, en la posterior disminución de la resistencia vascular
periférica durante los primeros días después del nacimiento. El fracaso de esta
transición da lugar a HPPN, en la que si bien las causas pueden ser de distinto
origen, es posible que los mecanismos desencadenantes sean comunes.
Este síndrome
fue descrito por primera vez por Siassi en un grupo de RN sin patología
pulmonar. En la actualidad, la mayor parte de los RN con HPP tienen patología
pulmonar previa severa (SAM, hipoplasia pulmonar, sepsis precoz o tardía, EMH,
hernia diafragmática). Además, la HPPN puede acompañar a cardiopatías
congénitas tales como la transposición de los grandes vasos o el drenaje venoso
pulmonar anómalo.
La HPPN debe
ser considerada no como una entidad única, sino como un grupo de enfermedades
que tienen causas diversas, pero características comunes de presentación
inicial. De este modo se pueden diferenciar, en base a la anatomía del lecho
vascular pulmonar, las situaciones en las que existe una disminución en el
número de vasos o un exceso en la musculatura lisa vascular, de las situaciones
en las que, siendo inicialmente normales los vasos pulmonares, se produce una
adaptación deficiente al patrón circulatorio extrauterino. A este grupo
pertenecen en la actualidad la mayor parte de los RN diagnosticados de HPPN.
El síndrome de
HPPN se caracteriza por una marcada hipertensión pulmonar y una
vasorreactividad pulmonar alterada, que conduce a la aparición de
cortocircuitos derecha-izquierda extrapulmonares (ductus y foramen oval) e
intrapulmonares, que causan hipoxemia crítica, con mala respuesta a los
aumentos en la FiO2 inspirada. La patología previa de estos RN y la hipoxemia,
conducen con frecuencia a fallo miocárdico, con disminución del gasto cardiaco,
que agrava la hipotensión sistémica lo que aumenta el paso de sangre de derecha
a izquierda, cerrando círculos viciosos, que explican la extrema gravedad de
estos RN.
Una
característica especial de estos RN es que con frecuencia presentan
fluctuaciones importantes en la presión parcial de oxigeno, que ocurren de
manera espontanea o bien con la estimulación y/o actividad física. En estos
momentos, se agravan los cortocircuitos derecha-izquierda, lo que puede
documentarse mediante la monitorización de la SatO2, que mostrará un gradiente
importante entre la extremidad superior derecha y los miembros inferiores
cuando el cortocircuito principal es a través del ductus.
La ecocardiografía cardíaca muestra una presión elevada en la arteria pulmonar, en presencia de regurgitación tricúspidea, con un flujo importante de derecha a izquierda a través del foramen oval y del ductus, lo que confirma el diagnostico de hipertensión pulmonar persistente.
La ecocardiografía cardíaca muestra una presión elevada en la arteria pulmonar, en presencia de regurgitación tricúspidea, con un flujo importante de derecha a izquierda a través del foramen oval y del ductus, lo que confirma el diagnostico de hipertensión pulmonar persistente.
El manejo de
estos RN es uno de los más complejos de todos los pacientes que requieren
cuidado intensivo neonatal. La prevención o corrección inmediata de los
factores que predisponen a la HPP como asfixia perinatal, sepsis o neumonía,
policitemia, hipotermia y acidosis, debe ser el primer paso en el tratamiento
de estos pacientes.
La hipoxemia y
la acidosis, potentes vasoconstrictores pulmonares, deben corregirse de forma
rápida y eficaz: la PaO2 debe mantenerse por encima de 100 mmHg para prevenir
episodios de hipoxemia durante las fluctuaciones espontaneas de oxigenación que
se producen en estos niños; es importante también mantener cierto grado de
alcalosis metabólica y/o respiratoria, ya que el pH elevado reduce la resistencia
vascular pulmonar, con lo que disminuirá el cortocircuito derecha-izquierda
mejorando la oxigenación.
Cuando la
actividad espontanea interfiere con la ventilación mecánica, empeorando la
oxigenación y aumentando el consumo de O2, están indicados sedantes y
relajantes musculares.
La
hiperventilación prolongada con hipocapnia se ha asociado con alteraciones en
el desarrollo neurológico, lo que puede ser debido a la disminución en el flujo
sanguíneo cerebral. Por ello, en estos pacientes es importante el soporte
hemodinámico, para mantener una presión sistémica y una perfusión cerebral
adecuadas. Las drogas de elección para mantener el gasto cardíaco en estos RN
son dopamina, dobutamina e isoproterenol. Las infusiones de calcio, pueden
también mejorar la función miocárdica, sobre todo en casos de alcalosis
secundaria a hiperventilación.
Muchos vasodilatadores se han usado para el tratamiento de la HPPN, sin que hasta el momento ninguno haya demostrado alterar el curso final de estos RN. La mayor limitación de estas drogas vasodilatadoras (como bloqueadores alfa adrenérgicos, bloqueadores del calcio y prostaciclina), es el hecho que su efecto vasodilatador, no se limita a la circulación pulmonar, sino que producen también vasodilatación periférica y por ende hipotensión arterial, manteniendo niveles de shunt parecidos a los previos.
Muchos vasodilatadores se han usado para el tratamiento de la HPPN, sin que hasta el momento ninguno haya demostrado alterar el curso final de estos RN. La mayor limitación de estas drogas vasodilatadoras (como bloqueadores alfa adrenérgicos, bloqueadores del calcio y prostaciclina), es el hecho que su efecto vasodilatador, no se limita a la circulación pulmonar, sino que producen también vasodilatación periférica y por ende hipotensión arterial, manteniendo niveles de shunt parecidos a los previos.
Por tanto, el
vasodilatador ideal para el tratamiento de la HPP debe disminuir la resistencia
vascular pulmonar, sin tener efectos sobre la circulación sistémica. En los últimos años el oxido nítrico
inhalado ha demostrado ser un vasodilatador pulmonar especifico y se está
utilizando con éxito en el tratamiento de la HPP neonatal desde que Palmer
reconoció al NO como factor relajante existente en el endotelio vascular
pulmonar, abriendo la posibilidad de su utilización como agente vasodilatador.
El NO es un mediador de la vasodilatación
tanto del territorio sistémico como pulmonar, pero la vida media es muy corta,
debido a su rápida unión con la hemoglobina, por lo que su acción se limita al
lugar de su administración. El oxido nítrico inhalado difunde de los alvéolos
ventilados al endotelio vascular pulmonar, donde ejerce sus efectos,
inactivándose posteriormente al ponerse en contacto con la sangre. Con esto se
consigue una disminución de las resistencias pulmonares vasculares y una mayor
perfusión de las zonas ventiladas, mejorando además la relación ventilación
perfusión. Estos efectos justifican su utilización en los RN con HPP, con o sin
patología pulmonar asociada. También se ha utilizado con éxito en el
postoperatorio de cardiopatías congénitas con hipertensión pulmonar, que no
responden a la terapéutica convencional.
El NO se
comercializa a una concentración de 400-800 ppm y aunque se administra durante
la ventilación mecánica con distintos ventiladores, en neonatos casi siempre se
utilizan los de flujo continuo. Para su dosificación se debe utilizar un
caudalímetro de precisión, conectando su salida al asa inspiratoria del
circuito del respirador, añadiéndose a la mezcla aire-oxígeno del respirador.
El NO se
convierte en NO2 (altamente citotóxico), en contacto con el oxigeno. Para
reducir el tiempo de contacto del oxígeno y el NOi, debe minimizarse la
distancia entre la entrada de NO al circuito y la pieza en Y del respirador y
utilizarse flujos mínimos de 10 ml/min. Además, deben monitorizarse en forma
precisa las concentraciones tanto del NO administrado como del NO2 generado,
bien con monitores de quimioluminiscencia (más exactos) o bien por monitores
electroquímicos (de uso sencillo y más económico). La toxicidad del NOi también
depende de la formación de metahemoglobina y del alargamiento del tiempo de
hemorragia por disminución de la agregación plaquetaria. No se deben permitir
concentraciones de NO2 superiores a 3-5 ppm, ni unos niveles de metahemoglobina
que excedan del 5% de la concentración de hemoglobina total.
Hasta el
momento los estudios controlados son escasos, pero un porcentaje variable de
pacientes con HPPN mejora la oxigenación. Puesto que aún no hay evidencia de
que la supervivencia de estos RN, mejore con esta terapéutica y dados los
posibles efectos colaterales importantes, el NOi debe administrarse en la
mínima concentración que resulte beneficiosa y la durante el menor tiempo
posible.
Los RN con HPPN
que no responden a las anteriores medidas de tratamiento son candidatos para la
oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO). Aunque la supervivencia con esta
modalidad terapéutica ha aumentado con la experiencia, el relativamente elevado
índice de secuelas en los supervivientes hace que esta terapéutica se reserve
como ultimo recurso.
Los resultados
que se obtienen en niños con HPPN dependen, en gran parte, de la patología de
base y de la efectividad en el manejo inicial. Varios estudios randomizados y
multicéntricos intentan evaluar de modo definitivo el impacto real a largo
plazo de las nuevas estrategias, como la ventilación de alta frecuencia y la
administración de oxido nítrico.
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